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Raquel quedó parapléjica a la vuelta de un concierto; Fernando sufre tetraplejia desde la nochevieja de 1981

Aquel maldito día

Las lesiones medulares por accidentes de tráfico se redujeron un 40% en España del año 2001 al 2009, según datos del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Las campañas de seguridad vial, la información (cada vez mayor y más completa) y la labor de muchas asociaciones en lo que se refiere a prevención han sido esenciales para la notoria reducción de un porcentaje que, lamentablemente, también es protagonista de otra premisa.

A pesar de las buenas estadísticas, los accidente de tráfico siguen siendo la principal causa de discapcidad y están detrás del 40% de los casos, así lo indica un reciente estudio de la Fundación del Instituto de la Victimología, informa "La Verdad".

A estos accidentes hay que sumar ahora las caídas y traumas a causa de la cada vez más extendida práctica de deportes de riesgo y que el pasado año 2010 supuso la cuarta parte de los ingresos en el hospital de Toledo desbancando, por primera vez, las entradas como consecuencia de accidentes de tráfico.

En cuanto al medio, es el automóvil el vehículo de mayor implicación en los choques estando presente en el 63% de los mismos, le sigue la motocicleta con una implicación del 23% y otros vehículos, como el quad componen el 2% restante . Fernando Alfaro y Raquel Triay son protagonistas de una historia de constante superación. Dos casos sucedidos en lugares y momentos distintos y con diferentes consecuencias pero con la causa común de haber sufrido un accidente de tráfico. A ambos los une también la idea de que «no hay que buscar responsables, ni darle vueltas a lo ocurrido; pasó y ya está».

Sin ambulancia

«Nadie se muere de esto», fueron las palabras que trasmitió el especialista del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo a Fernando una vez que se encontró estabilizado. Habían transcurrido más de quince días desde el accidente pero fue en el traslado a planta y «tras ver pasar a una persona y otra, y otra, y otra más en silla de ruedas cuando pensé: ¿seré yo otro de ellos?».

Todo ocurrió la nochevieja de 1981 cuando se dirigía a celebrarla con su ahora ex mujer y otra pareja; tras echar gasolina y partir «nos encontramos con una curva de treinta y cuando grité ¡frena! ya era tarde...", el coche dio varias vueltas y «apuntaló sobre una piedra en el lado donde yo viajaba»; era el copiloto y desde ese día Fernando es tetrapléjico.

Fue el único que sufrió daños y hoy, a sus 52 años, recuerda a la perfección el «silencio infernal» que se produce tras un accidente; «se oye el chirriar de las ruedas, un eterno silencio de veinte segundos tras los cuales surgen las preguntas: ¿estáis todos bien?». Sabía que no era su caso, «no me podía mover y sólo intentaba no perder el conocimiento», pero «jamás te puedes imaginar que se tratará de una cosa así».

¿Y la ambulancia?

Fernando y sus acompañantes echaron de menos una ambulancia que nunca llegó, pues los dos únicos servicios disponibles en nochevieja estaba ocupados en el momento del incidente. Así que fueron los propios accidentados, acompañados de unos jóvenes que les socorrieron, quienes lo sacaron «del aprisionamiento en el que me encontraba» y «arrancando el apoya brazos para que me pudiera tumbar» lo trasladaron a la antigua residencia de Albacete, desde la que fue trasladado a Murcia y posteriormente al hospital de Toledo.

Tras pasar dos meses en cama llega uno de los momento más complejos, «cuando te sientan en una silla de ruedas se produce una pelea con tu cuerpo de varios meses».
Aquí destaca la importancia de la persona que tenga al lado quien sufra una tetraplejia dada su situación de total dependencia; «si esa persona es activa y positiva es muy bueno porque te ayuda a salir, a no quedarte encerrado».

Fernando pasó cerca de un año en el Hospital de Parapléjicos de Toledo, tras el cual llegó el momento decisivo, «el de enfrentarte a la realidad que supone la vuelta a casa». Es entonces cuando comienza la comprensión de lo que realmente se necesita, la lucha con la disposición de una casa que ya no parece tuya, pues no te puede mover por ella a tus anchas, las barreras, la necesidad de rampas, ascensores...

«Es un proceso lento, pero lo bueno que tenemos es que nos adaptamos a lo que hay», mantiene al tiempo que asegura que «tenemos mucha suerte en Albacete» en todo lo referente a accesibilidad. Fernando se ve a si mismo como una «especie el gps -señala entre risas- que ya conoce bien las calles».


De Menorca a Albacete

Aunque por circunstancias de la vida ha terminado instalada en Albacete, es de Menorca y la misma noche del accidente fue trasladada a Palma de Mallorca, donde estuvo cerca de un mes. Posteriormente ingresó en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo y por su menoría de edad, hoy tiene 38 años, vivió su recuperación en la planta de niños donde «son bastante estrictos», algo que ahora agradece porque logran «potenciar tu independencia, que hagas las cosas por ti mismo». Además de ir al gimnasio, hacer terapia ocupacional y los demás quehaceres al igual que el resto de residentes, Raquel aprovechó su estancia en el hospital para cursar octavo de EGB y así no verse retrasada en sus estudios.

Ella misma se reconoce como una persona positiva cuando reflexiona sobre su situación de inconsciencia cuando tuvo que enfrentarse a la paraplejia como consecuencia del accidente. «No sé si porque era muy jovencita o porque veía a gente de mi edad y más pequeña en situaciones similares pero no lo viví de una manera muy trágica». Desde que ocurrió mantiene una filosofía de vida que le inculcó su madre y que se traduce en «disfrutar de esta vida, aunque sea desde una silla de ruedas, porque es la única que hay y al menos estoy aquí».

Momento más duro

Posiblemente para ella fue la vuelta a casa uno de los momentos más duros porque «ya no es tan fácil como lo era en el hospital, ahora eres tu la diferente a todos y son muchos cambios». Encuentros poco afortunados con sus amigas y una mala racha en el instituto la llevaron a solicitar plaza en el Centro de Recuperación de Personas con Discapacidad Física (CRMF) de Toledo donde cursó auxiliar administrativo y «distintos cursos».

Tras su ciclo en Toledo, donde asegura habérselo pasado 'bomba' se trasladó a Albacete, donde hoy vive con su pareja y su hija Blanca, de seis años, y tiene «una vida super normal; me saqué el carnet de conducir, voy y vengo...». Raquel, además, realiza una importante labor de prevención a través de las distintas campañas que se organizan en colegios e institutos; así como en autoescuelas, estas últimas pensadas para aquellas personas que han perdido sus puntos y los recuperan realizando curso.

Raquel, que ya es madre de una niña de seis años, es consciente de los problemas que hay detrás de un accidente de estas características pero cree firmemente, porque ella así lo ha hecho, en que se puede hacer una vida normal «aunque tarde el doble en hacer las cosas, tampoco tengo prisa», sonríe mientras mantiene que lo esencial es que la persona cuente «con las ganas de seguir» y ponga mucho de su parte porque «aunque la gente te ayude al final eres tú y solo tú».