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Dos vizcaínos ganan Euspen Challenge, la competición más importante de ingeniería de precisión

Una silla de ruedas y una muleta de cartón asombran a Europa

Enunciado del problema: construir un sistema ortopédico que sea rápido de poner para que una persona con una sola pierna pueda desplazarse desde su cama hasta el baño y regresar con un vaso de agua en mitad de la noche. Materiales a utilizar: una caja con piezas de mecano, tres láminas de cartón, un taladro y un cuchillo. Tiempo de resolución: seis horas.

Para la mayoría de los mortales, dar una solución fiable a la cuestión es casi tan difícil como la cuadratura del círculo. Lo más probable es que el beneficiario acabara besando el suelo y terminara maldiciendo al inventor en mitad de la madrugada. Sin embargo, esta fue la misión que tuvieron que solventar este año los participantes de Euspen Challenge 2012, la competición más prestigiosa de Europa en la rama de la ingeniería de precisión dirigida a universitarios.

Lander Valle y Rubén Otero, alumnos de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Bilbao se llevaron el gato al agua en dos de los tres premios en disputa y se erigieron como las grandes promesas del continente en la materia. La final del certamen se celebró en la ciudad holandesa de Eindhoven del 17 al 19 julio. Allí se vieron las caras ocho equipos formados cada uno por tres miembros de diferentes nacionalidades.

El equipo del getxotarra Lander Valle, formado además por un belga y un polaco, se impuso en la categoría de Mejor Proyecto Global. Crearon una maqueta a escala de una silla dotada de tres ruedas delanteras para superar obstáculos y una trasera para realizar los giros. «Ganamos porque creamos un producto barato, estable y fácil de usar. Además, era el sistema que más posibilidades tenía de llevarse a la práctica, ya que nuestra idea era venderlo a centros hospitalarios a un precio muy reducido», explica el joven de Algorta.

Por su parte, el durangués Rubén Otero formó piña con un chico inglés y otro alemán. Juntos construyeron una muleta con ruedas y frenos a tamaño real capaz de soportar el peso de un individuo. La presentación les hizo merecedores del premio a la Mejor Demostración. «Nuestro desafío era crear algo que pudiera mantener en pie a una persona. Al final lo hicimos realidad», apunta.

Para los dos estudiantes, la experiencia «ha valido la pena». Ambos se llevan a casa la pericia de trabajar en equipo en un ambiente internacional y lo que más valoran «es la oportunidad de poder observar cómo afrontan el mismo problema ciudadanos de otros países». Lander y Rubén han acabado este año la carrera, cuando la mayoría de sus competidores estaban sacándose el doctorado. «Partíamos con desventaja, pero lo conseguimos», admite con satisfacción el universitario getxotarra.