Mamen, Pepa y Lorenzo han sido víctimas de un accidente de tráfico
Cuando el fallo se paga con una silla de ruedas

La pasada semana,la Dirección General de Tráfico realizó una campaña con un objetivo claro: enterrar la mezcla de alcohol y conducción. Los datos dan buena cuenta de una escalofriante realidad que pone de manifiesto que hace falta mucha más concienciación sobre los peligros de coger el volante después de haber bebido.
En 2010, el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses realizó análisis toxicológicos a 855 conductores fallecidos en accidentes de circulación, de los cuales 265 presentaron una tasa superior a 0,30g/l. Números que ponen de manifiesto que en al menos un tercio de los accidentes mortales, la bebida está presente como factor concurrente o desencadenante.
Mamen, Pepa y Lorenzo son voluntarios de la Federación Nacional de Asociaciones de Parapléjicos y Grandes Discapacitados Físicos (Aspaym), colectivo que a lo largo de toda la pasada esta semana colaboró en los controles de alcoholemia que la Dirección General de Tráfico ha practicado en carreteras de toda España.
Los tres han sido víctimas de siniestros en la carretera y sobre su silla de ruedas ofrecieron consejos a los conductores para que no tengan que pasar por una experiencia como la suya. Sus historias se han cruzado en Toledo tras pasar un tiempo ingresados en el Hospital Nacional de Parapléjicos.
Mamen Movellán sufrió un accidente de circulación hace ahora nueve años y quiere que con su presencia en estas iniciativas los conductores palpen una realidad que, nunca sobra decir, «le puede tocar a cualquiera». Cuando ella pasó por esta experiencia no eran tantas las campañas que incidían en los peligros del alcohol, por eso ahora no quiere perder la oportunidad de tomar parte de estos programas. «Hay que trabajar mucho sobre la concienciación, la gente cree que sólo le puede pasar a otro».
Su accidente tuvo lugar en la isla del Hierro y tuvo que ser trasladada a Tenerife y más tarde hasta el Hospital Nacional de Parapléjicos, donde permaneció nueve meses hasta que se estabilizó. En el momento del suceso, Mamen no iba conduciendo, pero tampoco llevaba el cinturón de seguridad puesto. Aumento del tiempo de reacción, problemas de visión, incremento de la somnolencia, pérdida de control, excitabilidad o problemas de coordinación son solo algunos efectos que provoca la ingesta de alcohol en la conducción llegando a multiplicar por nueve el riesgo de accidente.
Pepa Sánchez también sufre una lesión medular y carga con importantes consecuencias que cambiaron su vida cuando ocurrió el accidente tras romperse la dirección del vehículo y caer por un barranco, ella tampoco iba al volante en este momento. Eso sí, aquí el alcohol no tuvo nada que ver.
Pero ahora es verano y la época más propicia para los desplazamientos vacacionales sin olvidar las fiestas populares que se celebran en las localidades de la provincia. Y una cerveza llega detrás de otra y «en cualquier momento un volantazo no tiene vuelta atrás». «No vale la pena por tres minutos de gloria acabar en una silla de ruedas».
Esta extremeña tuvo que estar alrededor de un año y medio en el Hospital Nacional de Parapléjicos, donde llegó después de sufrir un accidente en la Comunidad de Madrid. Ahora reside en Argés, informa "La Tribuna de Toledo".
A diferencia de Pepa, en la historia de Lorenzo Fernández sí se cruzó el alcohol y una noche de diversión acabó en tragedia, afortunadamente nadie falleció. Lorenzo también participa en charlas con personas a las que la Dirección General de Tráfico ha quitado puntos por no respetar las normas de circulación.
«Quedaban muchos kilómetros para llegar a casa y el alcohol hizo que el conductor perdiera el control del coche en una curva. Dimos múltiples vueltas de campana». De los cinco ocupantes del vehículo, el más perjudicado fue él que iba de copiloto, los demás sufrieron heridas de poca importancia. «Esto se repite cada fin de semana», alerta.
De Badajoz, Lorenzo se tuvo que trasladar a Toledo, volvió a su tierra y allí no fue fácil acostumbrarse a una nueva situación, por lo que regresó a la capital de Castilla-La Mancha. «En mi caso puedo trabajar porque manejo los brazos». Tampoco olvida que debido a su enfermedad necesita del apoyo de todo su entorno.
A su juicio, cree que ahora la sociedad está más concienciada. Su experiencia en las autoescuelas demuestra que se detraen puntos de forma más importante por otras causas como hablar por el teléfono móvil mientras se conduce. «Los fallos se pagan caro. Si no se pagan con la vida, se hace con una silla de ruedas que es igual de fastidioso».


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