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La educación sexual puede ayudar a los jóvenes discapacitados a protegerse de los abusos

¿Cómo evitar los abusos sexuales en las personas con discapacidad?

Un 90% de las personas con discapacidad intelectual sufre abusos sexuales alguna vez en su vida. Son datos a nivel mundial de un estudio de Naciones Unidas publicado en el año 2010. Pero además y según este mismo documento, los menores con discapacidad son víctimas de violencia 1,7 veces más que los demás. Datos aún más concretos muestran que el 80% de las mujeres con discapacidad son víctimas de violencia y su riesgo de sufrir abusos sexuales es cuatro veces mayor que el de la población general.

Esta realidad ha obligado a que distintos organismos y asociaciones hagan algo para frenarlo. Pero, ¿cuál es la mejor forma para hacer frente a estos problemas? Paloma Chico, madre de una niña con discapacidad intelectual y miembro de AFANIAS en Madrid lo tiene claro: con formación en materia afectivo-sexual. "Conocer esto nos hace más fuertes, más seguros y más receptivos ante un abuso sexual", sostiene. Tenemos que conocer la sexualidad de nuestros hijos, asegura convencida, porque ellos viven y sienten la sexualidad de forma diferente. No hay que mirar para otro lado y hay que entender que la sexualidad no es una fuente de problemas sino que puede ser una fuente de muchas satisfacciones. Se trata de afectos, de educar en asertividad, de conocer lo que está bien y lo que está mal, de saber decir no.

La prevención es una necesidad palpable, no sólo para reconocer sus derechos como personas sino para prevenir los casos de abusos sexuales. Por ello, la Federación de Organizaciones en favor de Personas con Discapacidad Intelectual (FEAPS) y la Federación de Planificación Familiar Estatal (FPFE), con el liderazgo de la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF), han llevado a cabo durante 2013 y 2014 un programa de formación que forma parte del programa europeo Keep me Safe, sobre prevención del abuso sexual a jóvenes con discapacidad.

Los objetivos principalmente son empoderar a los jóvenes para que puedan protegerse del abuso y aumentar la capacidad de familiares y profesionales de las asociaciones, servicios e instituciones para que puedan hacer frente a estos problemas, ha comentado Irene Donadio, responsable de Incidencia política de la IPPF en la Región Europea, en la presentación de este proyecto.

"La sociedad no reconoce que los jóvenes discapacitados están muy capacitados para enamorarse y tener instintos sexuales", afirma Donadio. Tienen los mismos derechos que cualquier persona a ser libres y a vivir su sexualidad, informa "El Mundo".

Pero sin duda, los mitos siguen siendo una barrera muy importante. Según explica Justa Moreno, coordinadora de Keep me safe en España y experta en la FPFE, todavía no se reconoce a este colectivo los derechos a su sexualidad, a su educación sexual, a su privacidad. Se piensa que es mejor no hablar de sexualidad porque así no se abre la caja de Pandora.

Y precisamente, los silencios no solucionan problemas sino que los agravan. Del mismo modo, lamenta la falta de datos y la visibilidad del problema. No hay estadísticas ni datos recogidos en las administraciones, pero sí llegan casos a los centros, a las asociaciones y a las distintas entidades. Se necesita formación y educación para frenar el problema y por ello "es muy importante que las administraciones se impliquen porque se necesita financiación, apoyo y recursos", señala Moreno.

En el caso de los abusos sexuales de personas con discapacidad no es muy distinto a lo que sucede en la infancia o en otras edades. La única diferencia (que no es poca), afirma Carlos de la Cruz, director del Máster de Sexología UCJC y uno de los responsables de la Asociación Sexualidad y Discapacidad, es que a veces lo sexual no se ve o no se quiere ver. Y por eso se tarda más en reconocer que el abuso se ha producido. Todo esto "requiere reconocer que la sexualidad existe, que la sexualidad ya existía en esa persona", insiste.

Como ocurre también en los casos de abusos de menores sin discapacidad, el abuso se produce en la mayoría de los casos por parte del entorno familiar y/o cercano al menor. El entorno de las personas con discapacidad, explica este especialista, es muy limitado y esa es una de las dificultades que tiene para su desarrollo social. Generalmente, los menores con discapacidad sólo se mueven entre el entorno familiar y el profesional, por lo que lo más frecuente son los abusos que provengan de estos entornos: entornos conocidos y aparentemente seguros. "Para proteger frente al abuso hace falta educación sexual, de la que se escribe con mayúsculas", señala de la Cruz.

Prevención necesaria

Algunas asociaciones como AFANIAS en Madrid o Aprosuba en Zafra (Badajoz) ya tienen claro la importancia de prevenir este tipo de problemas y de ofrecer una formación en educación sexual. Sin embargo, la tarea no resulta nada fácil. ¿Cómo llegar a las familias menos comprometidas? Los problemas religiosos, sociales y conductuales de cada familia representan a veces un verdadero problema. Y de nuevo los mitos y las falacias. Paloma Chico asegura que muchas familias dicen no querer más problemas: "¿Mi hija con novio? Qué dices, mi hija no va a tener novio nunca. No quiero más problemas".

Es difícil, comenta Ana Villafranca, educadora del centro educativo Nuestra Señora de las Victorias, AFANIAS, pero se puede. Es muy importante que el centro esté comprometido e informado en este tipo de casos porque, según comenta esta experta, "conocemos a los chicos como si fuesen nuestros hijos" y cualquier indicio de alarma puede ser fundamental para detectar un caso de abuso. El trabajo es fundamental que sea transversal y la formación afectivo-sexual debe ir dirigida a todos, tanto profesionales, familias y alumnos.

Sin duda, la parte más gratificante de todo esto es lo que aprenden los chicos. Y así lo cuentan a través de un vídeo, tres chicos de una Fundación de discapacidad intelectual Madrid en el que, según sus propias palabras, repetirían sin dudar. Les han enseñado a conocer bien las partes de su cuerpo, a identificarlas y a diferenciar el cuerpo de los hombres y de las mujeres. Les hablan de relaciones, de amistad, de amor, también de celos. Les enseñan a decir no si no te gusta que te toquen, lo que está bien y lo que está mal, a llamar a la policía cuando vean algo que no les gusta y en definitiva, a ser libres.