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La resistencia a los antimicrobianos pone en riesgo la salud pública

'Yo no receto antibióticos a la ligera'

La estrategia es sencilla, pero también efectiva. Sólo hace falta colocar un póster en la consulta del médico con el compromiso del facultativo de que no utilizará de forma inapropiada los antibióticos y los resultados no tardan en llegar: las prescripciones indebidas se reducen considerablemente.

Lo asegura esta semana un estudio publicado en la revista JAMA Internal Medicine cuyos resultados recuerdan la importancia de un problema creciente, la resistencia a los antimicrobianos, que pone en riesgo la salud pública y supone importantes costes para las arcas del Estado.

Las bacterias son microorganismos especialmente hábiles para desarrollar armas contra sus enemigos farmacológicos. Desde el descubrimiento de la penicilina, estos patógenos han aprendido a contrarrestar los efectos de los antibióticos que progresivamente han ido apareciendo en el mercado. La suya es una historia de supervivencia.

Si algo ha contribuido a esta rebelión, eso ha sido, sin duda, el abuso y la sobreprescripción de estos fármacos, por lo que los especialistas llevan años diseñando estrategias para evitar el consumo inapropiado de antimicrobianos, informa "El Mundo".

Los resultados de este esfuerzo no siempre son positivos. Según un estudio estadounidense publicado en octubre en la misma revista, "mientras que sólo un 10% de los adultos con dolor de garganta tienen infección por estreptococo, la única causa por la que este problema requeriría de antibióticos, la tasa nacional de prescripciones de estos fármacos para adultos con dolor de garganta se mantiene en el 60% de los casos. En la bronquitis aguda, para la que no se deberían recetar antibióticos, la prescripción está en el 73%".

Nuevas propuestas

La contribución a la lucha contra las resistencias que proponen los autores del reciente trabajo, investigadores del USC Schaeffer Center for Health Pollicy and Economics y la Universidad de Harvard (EEUU), es simple: que el médico se comprometa públicamente a valorar cada prescripción. Esto, aseguran, puede ejercer una influencia psicológica tanto en el especialista como en los pacientes -quienes en muchas ocasiones reclaman el fármaco- y que se lo piensen dos veces antes de pensar en la receta.

Para comprobar la utilidad de su hipótesis, estos científicos estudiaron a distintos facultativos de cinco clínicas de Los Ángeles (que atendían a alrededor de 500 pacientes) que, a petición de los investigadores, habían colocado de manera visible en sus consultas un compromiso firmado sobre el uso apropiado de los antibióticos. El documento contenía una imagen del médico y explicaba la obligación contraída de no indicar antibióticos para infecciones en las que los antibióticos no son útiles en la gran mayoría de casos, como los catarros.

Los investigadores analizaron las prescripciones de estos médicos durante tres meses y compararon las recetas de estos medicamentos con las que había realizado otro grupo que no firmó el compromiso.

Los resultados mostraron que las indicaciones inapropiadas de antibióticos se redujeron en casi un 20% en el grupo de estudio, mientras que crecieron en el grupo de control.

Las prescripciones correctas, subrayan los investigadores, no se vieron alteradas por el compromiso; es decir, ningún paciente que realmente necesitaba tomar un antibiótico se quedó sin él.

Para José María Miró, presidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica y especialista en Enfermedades Infecciosas del Hospital Clínic de Barcelona, medidas sencillas como esta pueden ser muy útiles, si bien es necesario contemplarlas en un marco más amplio y como parte de "un conjunto de intervenciones en pro de un uso optimizado de los antibióticos".

Según explica, el Hospital Clínic tiene implantado una de estas estrategias múltiples, denominadas programas PROA , que en los últimos tres años ha permitido ahorrar alrededor de un millón de euros anuales, gracias a un abordaje específico.

La iniciativa contempla la formación de todos los especialistas en diagnóstico y control de infecciones para que se ponga en marcha la coordinación y las herramientas necesarias para la identificación rápida del patógeno responsable y la elección de la mejor arma farmacológica disponible, entre otras medidas.

Miró considera indispensable la puesta en marcha generalizada de este tipo de programas, que, en su opinión, corren peligro por la intención del Ministerio de Sanidad de no contemplar la especialidad de Enfermedades Infecciosas en el próximo Real Decreto de Troncalidad.

"Esta es una medida regresiva que deteriorará la atención especializada de nuestros pacientes, comportará una mayor mortalidad y gasto sanitario y nos situará a la cola de Europa, echando a perder el gran esfuerzo realizado durante los últimos 30 años", subrayaba recientemente en un comunicado la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica.